ADOLESCENTES ADULTOS PAREJAS

PSICOLOGO Y PSICOANALISTA

Lic. Walter Brunstein

Amar no es ser completado por el otro, o completarlo. Esta es una ilusión que irremediablemente se desvanece, no solo porque el otro no puede colmarnos, sino porque la completitud es lun gran engaño que nos rodea cotidianamente, es la meta hacia la cual nos sentimos impulsados. De alli la gran proliferación de religiones, doctrinas y libros que nos prometen llegar a un estado de plenitud total, ya sea aquietando la mente o alcanzando la voluntad divina. Tal vez el secreto esté en dejar de aspirar a ser perfecto, completo, y entonces, en la imperfección, el mundo se vuelve un lugar mas vivible, y el amor, se vuelve algo mas posible

  El psicoanálisis y el amor

El amor es un tema que siempre nos toca de cerca, es motivo de opinión, nos convoca, despierta pasiones. Están los amores felices, los desdichados, los desdichados en la felicidad y los felices aún en la desdicha, y podemos hacer un largo recorrido de historias que van desde lo romántico hasta lo trágico y muchas veces nos preguntamos: ¿Cómo es posible que algunas parejas permanezcan unidas a pesar de llevarse muy mal, y cómo otras que parecen perfectas, "tal para cual", terminan abruptamente sin aparente sentido?

La elección de un objeto de amor es un asunto intrigante y complejo, y la proliferación de modelos de belleza y perfección, de ideales estéticos o de compañeros exitosos, siempre se opone al lazo amoroso. La pregunta es: ¿Cómo elegir "uno" entre tantos? ¿Cómo enamorarse de otro y no de uno mismo? ¿Siempre elegimos según el modelo de amor de nuestros padres o se puede elegir de otra manera? O sea: ¿Estamos destinados a elegir a alguien similar a nuestros progenitores o se puede inventar un nuevo amor, distinto a aquel en el que fuimos parte en nuestra infancia? ¿Qué es el amor en definitiva? ¿Debería ser una sensación constante de placer y bienestar?  

Vamos a tratar de entender algo de esto: Según Freud, la manera en la que cada uno ha sido querido, el lugar que ha ocupado en el seno familiar (o sea, en el juego tripartito que se establece en la relación madre-padre-hijo), más la relación con los objetos que lo han satisfecho en la infancia, todo esto, establece una matriz de relaciones que dará cuenta de sus elecciones amorosas en la vida adulta posterior, tanto del lugar que ocupará en la pareja, como de los objetos que le darán satisfacción, y esta matriz amorosa, se repetirá a la manera de un clisé con cada nuevo objeto que aparezca.

El niño intenta ocupar un lugar en la relación con sus padres. Simplificando mucho la cuestión podría decirse que: El varón querrá tener para sí a su madre y con su padre tendrá una relación ambivalente, pues es su rival en su lucha por la madre, pero también su modelo, pues es el "dueño" de la madre. La niña querrá ser el amor de su padre y rivalizará con la madre, razón por la cual es tan común que las relaciones madre-hija sean bastante complejas, y también las relaciones padre-hijo.

Luego, la infancia es de algún modo, la historia de un gran amor, amor que no terminó de muy buena manera, ya que, en los casos medianamente normales (o sea, si el padre ocupa el lugar que debe ocupar un hombre y la madre, además de madre ocupa el lugar que debe tener una mujer, a saber: ser cada uno el objeto de deseo de su pareja), este gran amor termina con la derrota del pequeño o la pequeña. Luego, todo este gran amor es reprimido, aproximadamente alrededor de los cinco o seis años, razón por la cual, recordamos muy poco de esa época, y estamos preparados para entrar en la escuela, en búsqueda de otros logros, que tienen más que ver con lo social.  
Resumiendo: ese lugar en la trama edípica, en el triángulo Padre-Madre-Hijo, será un lugar que intentaremos repetir de distintas maneras, ocupando distintos roles, no solo el del hijo, sino también el del padre o de la madre. Parece confuso, pero... si, es confuso, y encima, uno no recuerda nada de esto pues fue reprimido alrededor de los seis años, y se embarca en una relación tras otra, repitiendo las mismas problemáticas del pasado, solo que...sin sospecharlo.

Para el Psicoanálisis actual, al menos el que me convoca, uno no está destinado a repetir siempre la historia trágica vivida con nuestros progenitores, sino, que la experiencia analítica, se trata de un proceso, en el que uno debe poder captar, cuál es la posición que se repite, y poder separar de entre toda la madeja que lo envuelve, qué es lo que le pertenece y qué parte influye sin saberlo, para así, poder decidir si quiere seguir en donde está, pero ya con una decisión subjetiva, lo que implica dejar de quejarse de ello, (o quejarse con gusto! ) o... tratar de inventar una nueva forma de relacionarse con los otros, que no esté determinada por el inconsciente, pues es allí donde está inscripta aquella vieja historia.

Es por eso, que para dar cuenta de este inconsciente, el analista toma las fallas del discurso, los actos fallidos, los lapsus, y también los sueños, donde de forma desfigurada, aparecen retazos de lo que fue el tiempo anterior a la represión. O sea que el analista no trabaja con lo consciente, con lo evidente, sino con lo que aparece sorprendiendo al individuo, eso que le  parece ajeno, eso  que  descartaría como un  error  sin  pensarlo  siquiera. Luego, ese es el material

privilegiado que puede decirnos algo del pasado. Un psicoanalista toma más que eso,pues también están los relatos del paciente, sus odios y amores, sus broncas y fantasías, y la relación con el analista, donde repite también su pasado.

La idea entonces es: pasar del destino a la creación del amor, y esto, no implica que desaparezcan las viejas formas de elegir, sino en, estar advertidos que algo nos empuja hacia un lugar extraño, incómodo pero reiterado, y que no es posible erradicarlo como a un parásito, sino, y aquí está el secreto, se trata de saber hacer con lo que nos tocó, que cuando aparece algo de este orden, unos pensamientos molestos en un buen momento, o angustia en algunas situaciones que no está de acuerdo a lo que está pasando, como por ejemplo, sentirse angustiado en un buen momento de la relación, o inclusive, ante una mejora en nuestro trabajo, saber, que las viejas elecciones, los viejos roles están aún allí, pero que uno puede decidir no seguirlos, porque sabe que son viejos conocidos, que en un momento de la infancia tuvieron su razón de ser, pero ya no.

Este es un trabajo de elaboración constante, hasta que uno puede en un momento, casi burlarse de uno mismo y de algunos pensamientos que no dejan de aparecer cada tanto, como negándose a desaparecer. Esa es la historia personal, que lejos de extirparse, hay que tratar de llevar con dignidad, manteniéndola en su sitio, estando advertidos que en cualquier ocasión propicia estará presta a tomar la iniciativa, si se lo permitimos.

Con respecto a la pregunta acerca de si el amor debería ser una sensación de plenitud constante, o sea, una sensación que no cesa. La respuesta nos lleva a otra ilusión, que está del lado del ideal de ser completado por el otro. Digamos que las elecciones que hacemos, lo que nos atrae del otro es algo, en realidad, un poco inexplicable, y no por falta de palabras, sino porque las palabras, no pueden dar cuenta de ese rasgo del otro que nos conmueve de diferentes maneras. Ese rasgo, siempre está más cerca de la debilidad que de la fortaleza. Frente a un otro fuerte y completo, ¿Qué lugar queda para uno? ¿Dónde uno puede ubicarse? Frente a un otro “humano”, y por ende imperfecto, hay un espacio a inentar llenar, por más que esto no se consiga nunca completa y constantemente. Digamos que es algo que aparece por momentos, que hay momentos donde eso que nos conmueve del otro se hace presente, y esa es la constante: que ese algo invisible que aparece cada tanto, es siempre posible de ser reencontrado. Esto no solo se da en el amor por una pareja, sino también en el supuesto amor que se debería sentir por una vocación, esa idea de que debería conmovernos hasta que dejemos de dormir por seguirla, sino, no es vocación. Otro concepto inflado, que solo pocas veces se da con esa intensidad, y en general, esta certeza está más del lado de la locura que de la cordura. “La seguridad es propia de los locos, la duda... del resto”.

Tal vez en definitiva, el amor sea solo una cuestión de fe, pero no de fe religiosa, que está en la dirección de la sensación permanente, sino de confianza en que algo especial del otro nos conmueve. Y ese algo particular, singular, es algo que aparece por momentos, pulsando, es de alguna manera constante en el otro, solo que no fenomenológicamente, o sea, no se expresa todo el tiempo a nuestros ojos. Es por eso que la pregunta por el amor es tan dificil de responder, y tal vez, el concepto del amor esté un poco inflado, sobreevaluado merced a la cantidad de literatura, peliculas, novelas,  canciones,que nos muestran una faceta del amor que tiene mas que ver con la pasión y el romanticismo que con el amor. Ni que hablar de la sexualidad, que muchas veces está tan superpuesto con el amor, que muchos creen que representa un muy alto porcentaje del mismo. 

El asunto es, que a pesar de que sobre el amor es sobre lo que más se ha escrito y se escribirá, nada de eso puede venir en nuestra ayuda para explicarnos de que se trata, y ninguna literatura nos proporcionará una manera adecuada de relacionarnos con el otro, por el contrario, nos confundiremos en los modelos surgidos de las experiencias y fantasías ajenas. El psicoanálisis propone una manera distinta de conectarnos con el otro, de “inventar nuestra manera”, pero este camino no es en principio sencillo, se trata de cuestionar aquellas respuestas que nos surgen como automáticas y de volver a realizar la pregunta, pero esta vez... responder por nosotros mismos. Solo así podremos pasar del destino a la creación, y creanmé... es mucho más interesante.

ADOLESCENTES ADULTOS PAREJAS

PSICOLOGO Y PSICOANALISTA

Lic. Walter Brunstein

Amar no es ser completado por el otro, o completarlo. Esta es una ilusión que irremediablemente se desvanece, no solo porque el otro no puede colmarnos, sino porque la completitud es lun gran engaño que nos rodea cotidianamente, es la meta hacia la cual nos sentimos impulsados. De alli la gran proliferación de religiones, doctrinas y libros que nos prometen llegar a un estado de plenitud total, ya sea aquietando la mente o alcanzando la voluntad divina. Tal vez el secreto esté en dejar de aspirar a ser perfecto, completo, y entonces, en la imperfección, el mundo se vuelve un lugar mas vivible, y el amor, se vuelve algo mas posible

  El psicoanálisis y el amor

El amor es un tema que siempre nos toca de cerca, es motivo de opinión, nos convoca, despierta pasiones. Están los amores felices, los desdichados, los desdichados en la felicidad y los felices aún en la desdicha, y podemos hacer un largo recorrido de historias que van desde lo romántico hasta lo trágico y muchas veces nos preguntamos: ¿Cómo es posible que algunas parejas permanezcan unidas a pesar de llevarse muy mal, y cómo otras que parecen perfectas, "tal para cual", terminan abruptamente sin aparente sentido?

La elección de un objeto de amor es un asunto intrigante y complejo, y la proliferación de modelos de belleza y perfección, de ideales estéticos o de compañeros exitosos, siempre se opone al lazo amoroso. La pregunta es: ¿Cómo elegir "uno" entre tantos? ¿Cómo enamorarse de otro y no de uno mismo? ¿Siempre elegimos según el modelo de amor de nuestros padres o se puede elegir de otra manera? O sea: ¿Estamos destinados a elegir a alguien similar a nuestros progenitores o se puede inventar un nuevo amor, distinto a aquel en el que fuimos parte en nuestra infancia? ¿Qué es el amor en definitiva? ¿Debería ser una sensación constante de placer y bienestar?  

Vamos a tratar de entender algo de esto: Según Freud, la manera en la que cada uno ha sido querido, el lugar que ha ocupado en el seno familiar (o sea, en el juego tripartito que se establece en la relación madre-padre-hijo), más la relación con los objetos que lo han satisfecho en la infancia, todo esto, establece una matriz de relaciones que dará cuenta de sus elecciones amorosas en la vida adulta posterior, tanto del lugar que ocupará en la pareja, como de los objetos que le darán satisfacción, y esta matriz amorosa, se repetirá a la manera de un clisé con cada nuevo objeto que aparezca.

El niño intenta ocupar un lugar en la relación con sus padres. Simplificando mucho la cuestión podría decirse que: El varón querrá tener para sí a su madre y con su padre tendrá una relación ambivalente, pues es su rival en su lucha por la madre, pero también su modelo, pues es el "dueño" de la madre. La niña querrá ser el amor de su padre y rivalizará con la madre, razón por la cual es tan común que las relaciones madre-hija sean bastante complejas, y también las relaciones padre-hijo.

Luego, la infancia es de algún modo, la historia de un gran amor, amor que no terminó de muy buena manera, ya que, en los casos medianamente normales (o sea, si el padre ocupa el lugar que debe ocupar un hombre y la madre, además de madre ocupa el lugar que debe tener una mujer, a saber: ser cada uno el objeto de deseo de su pareja), este gran amor termina con la derrota del pequeño o la pequeña. Luego, todo este gran amor es reprimido, aproximadamente alrededor de los cinco o seis años, razón por la cual, recordamos muy poco de esa época, y estamos preparados para entrar en la escuela, en búsqueda de otros logros, que tienen más que ver con lo social.  
Resumiendo: ese lugar en la trama edípica, en el triángulo Padre-Madre-Hijo, será un lugar que intentaremos repetir de distintas maneras, ocupando distintos roles, no solo el del hijo, sino también el del padre o de la madre. Parece confuso, pero... si, es confuso, y encima, uno no recuerda nada de esto pues fue reprimido alrededor de los seis años, y se embarca en una relación tras otra, repitiendo las mismas problemáticas del pasado, solo que...sin sospecharlo.

Para el Psicoanálisis actual, al menos el que me convoca, uno no está destinado a repetir siempre la historia trágica vivida con nuestros progenitores, sino, que la experiencia analítica, se trata de un proceso, en el que uno debe poder captar, cuál es la posición que se repite, y poder separar de entre toda la madeja que lo envuelve, qué es lo que le pertenece y qué parte influye sin saberlo, para así, poder decidir si quiere seguir en donde está, pero ya con una decisión subjetiva, lo que implica dejar de quejarse de ello, (o quejarse con gusto! ) o... tratar de inventar una nueva forma de relacionarse con los otros, que no esté determinada por el inconsciente, pues es allí donde está inscripta aquella vieja historia.

Es por eso, que para dar cuenta de este inconsciente, el analista toma las fallas del discurso, los actos fallidos, los lapsus, y también los sueños, donde de forma desfigurada, aparecen retazos de lo que fue el tiempo anterior a la represión. O sea que el analista no trabaja con lo consciente, con lo evidente, sino con lo que aparece sorprendiendo al individuo, eso que le  parece ajeno, eso  que  descartaría como un  error  sin  pensarlo  siquiera. Luego, ese es el material

privilegiado que puede decirnos algo del pasado. Un psicoanalista toma más que eso,pues también están los relatos del paciente, sus odios y amores, sus broncas y fantasías, y la relación con el analista, donde repite también su pasado.

La idea entonces es: pasar del destino a la creación del amor, y esto, no implica que desaparezcan las viejas formas de elegir, sino en, estar advertidos que algo nos empuja hacia un lugar extraño, incómodo pero reiterado, y que no es posible erradicarlo como a un parásito, sino, y aquí está el secreto, se trata de saber hacer con lo que nos tocó, que cuando aparece algo de este orden, unos pensamientos molestos en un buen momento, o angustia en algunas situaciones que no está de acuerdo a lo que está pasando, como por ejemplo, sentirse angustiado en un buen momento de la relación, o inclusive, ante una mejora en nuestro trabajo, saber, que las viejas elecciones, los viejos roles están aún allí, pero que uno puede decidir no seguirlos, porque sabe que son viejos conocidos, que en un momento de la infancia tuvieron su razón de ser, pero ya no.

Este es un trabajo de elaboración constante, hasta que uno puede en un momento, casi burlarse de uno mismo y de algunos pensamientos que no dejan de aparecer cada tanto, como negándose a desaparecer. Esa es la historia personal, que lejos de extirparse, hay que tratar de llevar con dignidad, manteniéndola en su sitio, estando advertidos que en cualquier ocasión propicia estará presta a tomar la iniciativa, si se lo permitimos.

Con respecto a la pregunta acerca de si el amor debería ser una sensación de plenitud constante, o sea, una sensación que no cesa. La respuesta nos lleva a otra ilusión, que está del lado del ideal de ser completado por el otro. Digamos que las elecciones que hacemos, lo que nos atrae del otro es algo, en realidad, un poco inexplicable, y no por falta de palabras, sino porque las palabras, no pueden dar cuenta de ese rasgo del otro que nos conmueve de diferentes maneras. Ese rasgo, siempre está más cerca de la debilidad que de la fortaleza. Frente a un otro fuerte y completo, ¿Qué lugar queda para uno? ¿Dónde uno puede ubicarse? Frente a un otro “humano”, y por ende imperfecto, hay un espacio a inentar llenar, por más que esto no se consiga nunca completa y constantemente. Digamos que es algo que aparece por momentos, que hay momentos donde eso que nos conmueve del otro se hace presente, y esa es la constante: que ese algo invisible que aparece cada tanto, es siempre posible de ser reencontrado. Esto no solo se da en el amor por una pareja, sino también en el supuesto amor que se debería sentir por una vocación, esa idea de que debería conmovernos hasta que dejemos de dormir por seguirla, sino, no es vocación. Otro concepto inflado, que solo pocas veces se da con esa intensidad, y en general, esta certeza está más del lado de la locura que de la cordura. “La seguridad es propia de los locos, la duda... del resto”.

Tal vez en definitiva, el amor sea solo una cuestión de fe, pero no de fe religiosa, que está en la dirección de la sensación permanente, sino de confianza en que algo especial del otro nos conmueve. Y ese algo particular, singular, es algo que aparece por momentos, pulsando, es de alguna manera constante en el otro, solo que no fenomenológicamente, o sea, no se expresa todo el tiempo a nuestros ojos. Es por eso que la pregunta por el amor es tan dificil de responder, y tal vez, el concepto del amor esté un poco inflado, sobreevaluado merced a la cantidad de literatura, peliculas, novelas,  canciones,que nos muestran una faceta del amor que tiene mas que ver con la pasión y el romanticismo que con el amor. Ni que hablar de la sexualidad, que muchas veces está tan superpuesto con el amor, que muchos creen que representa un muy alto porcentaje del mismo. 

El asunto es, que a pesar de que sobre el amor es sobre lo que más se ha escrito y se escribirá, nada de eso puede venir en nuestra ayuda para explicarnos de que se trata, y ninguna literatura nos proporcionará una manera adecuada de relacionarnos con el otro, por el contrario, nos confundiremos en los modelos surgidos de las experiencias y fantasías ajenas. El psicoanálisis propone una manera distinta de conectarnos con el otro, de “inventar nuestra manera”, pero este camino no es en principio sencillo, se trata de cuestionar aquellas respuestas que nos surgen como automáticas y de volver a realizar la pregunta, pero esta vez... responder por nosotros mismos. Solo así podremos pasar del destino a la creación, y creanmé... es mucho más interesante.